Traducido por KAREN JUANITA CARRILLO

Mientras el planeta se prepara para afrontar las consecuencias del cambio climático provocado por humanos y el excesivo calor que éste está causando en verano, está emergiendo una repercusión menos conocida: su correlación con el número creciente de incidentes relacionados con armas de fuego en las ciudades de Estados Unidos. Pero ¿cómo se relacionan exactamente el aumento de las temperaturas y la violencia armada, y es posible que tratar los efectos del cambio climático en las ciudades sea la clave para frenar esta alarmante tendencia?
A finales de julio de 2022, la ciudad estaba bajo una ola de calor. El martes 19 de julio empezaron una serie de días de calor agobiante, con temperaturas de 90 grados y una humedad superior al 70% en algunos lugares. El aire era denso y pesado, un calor que te hacía sudar en cuestión de minutos y que hacía que la ropa se pegara a la piel como una manta húmeda. A veces, el aire apenas se movía.
Aquel miércoles, en Central Park, hacía 95 grados. En Tremont y Brownsville, había cerca de 100 y parecían 105 grados. En esa semana y antes de que terminara el martes siguiente, resonaron disparos en 47 lugares distintos de la ciudad, dejando seis muertos.
De acuerdo con un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Washington y la Universidad de Boston que analiza el calor y los tiroteos en 100 ciudades de Estados Unidos entre 2015 y 2020, casi el 7% de los incidentes de violencia armada podrían atribuirse directamente a temperaturas temporales superiores a la media. En la ciudad de Nueva York, ese porcentaje se duplica y llega a cerca del 15%.
Eso significa que, en Nueva York en 2020, un año pandémico con el mayor número de tiroteos en la historia reciente de la ciudad, se estima que 286 tiroteos no habrían ocurrido si no hubiera hecho un calor excepcional en el exterior, según los investigadores. Se trata de una de las cifras más elevadas de las 100 ciudades estudiadas, según Jonathan Jay, investigador de la Universidad de Boston y coautor del estudio.

“En general, el noreste y el medio oeste habían mostrado los efectos más dramáticos del calor,” dijo Jay.
Para comprender mejor cómo las fluctuaciones diarias de las temperaturas afectan al número de incidentes de violencia armada, los investigadores analizaron datos sobre tiroteos en Estados Unidos del Gun Violence Archive entre 2015 y 2020. Para demostrar con mayor precisión el impacto de los cambios diarios de temperatura, se centraron de forma especial en las diferentes tendencias que se registran en las distintas temporadas, como las vacaciones o la ausencia de los niños de la escuela (lo que los científicos denominan “estacionalidad”).
“Día a día, no tenemos ningún control sobre el tiempo,” dijo Jay. “Pero es poco probable que el calor diario sea algo secundario en lo que contribuye a la violencia armada.”
Pero, ¿cómo influye el clima en la decisión de un individuo de recurrir a la violencia? No se sabe muy bien qué ocurre entre el hecho de que una persona sufra temperaturas excepcionalmente altas y el momento en que desenfunda un arma de fuego, aunque en la investigación académica han surgido teorías sobre cómo influye el calor en la violencia armada. Una teoría sugiere que el calor eleva los niveles de estrés, aumentando la probabilidad de agresión. Otra postula que los días más calurosos aumentan el número de interacciones interpersonales, creando más oportunidades para el conflicto. Es posible, según Jay, que se trate de una combinación de ambas.
Lo que sí sabemos es que los veranos son cada vez más calurosos: estamos sufriendo un calor récord en verano, peor que el de años anteriores. En 2023 ya se han batido récords de avisos por calor excesivo y julio ha sido el mes más caluroso jamás registrado en la Tierra. Estos días más frecuentes de calor moderado a extremo no son la causa principal de la violencia armada, pero tener más días calurosos a temperaturas más altas contribuye a su aumento.

Cómo la desigualdad crea islas de calor y contribuye a la violencia armada
No se trata sólo de entender el tiempo: se trata de cómo el calor agrava las desigualdades sociales y medioambientales existentes. Jay dijo que el calor diario aumenta la tensión en las comunidades Afro y Latinos que se ven desproporcionadamente afectadas por el cambio climático y la violencia armada. Muchas de estas comunidades residen en islas de calor urbano, es decir, ciudades y barrios que atrapan el calor porque los edificios y las carreteras de asfalto oscuro reflejan el calor y tienen demasiado poco follaje y zonas verdes para absorberlo.
“La motivación [del estudio] era… comprender que la exposición al calor es uno de los factores del ambiente físico que influyen en el ambiente social de formas que producen estas enormes desigualdades y la exposición a la violencia armada,” añadió.
Pero hay maneras de combatir este aumento. Según el estudio, las estrategias de mitigación del cambio climático que reducen las temperaturas en las ciudades pueden ayudar a reducir los tiroteos. Un número cada vez mayor de investigadores y defensores defienden los esfuerzos de revitalización de las comunidades, a menudo denominados “limpieza y reverdecimiento,” como forma de reducir la violencia y el calor, reinvirtiendo al mismo tiempo en los barrios Afros y Latinos, mejorando los espacios verdes y la calidad de vida en general.
“Hay toda una serie de cosas que las ciudades están haciendo y pensando para reducir el calor,” afirma Daniel Webster, director del Centro de Soluciones a la Violencia Armada de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore. Webster añade que es posible que las ciudades no sepan que sus esfuerzos por reducir el calor también pueden estar contribuyendo a reducir la violencia armada, pero hay datos que “sin duda apoyan [sus esfuerzos],” afirma.

Ciudad del amor fraternal: Combatir la violencia con ecologismo
En Filadelfia, el Laboratorio de Salud Urbana de la Universidad de Pensilvania encabeza el enfoque de “limpieza y reverdecimiento.” Su proyecto Deeply Rooted, una colaboración entre investigadores, la Pennsylvania Horticultural Society y comunidades mayoritariamente Afro y Latino del oeste y suroeste de Filadelfia, limpia y transforma terrenos baldíos en exuberantes espacios verdes.
Hace unos años, los investigadores del Laboratorio de Salud Urbana tomaron muestras de forma aleatoria y seleccionaron 541 terrenos baldíos de toda la ciudad para hacer un seguimiento durante tres años y les asignaron un servicio: ningún tratamiento, limpieza, o limpieza y tratamiento de reverdecimiento. También seleccionaron al azar a 445 personas de la comunidad para encuestarlas sobre los cambios experimentados a lo largo de 38 meses.
Los resultados fueron sorprendentes: en las zonas cercanas a los terrenos baldíos que recibieron el tratamiento completo de “limpieza y reverdecimiento” se registró una reducción de hasta el 29% en la violencia armada y del 28% en las llamadas molestas. Más allá de las cifras, los miembros de la comunidad encuestados afirmaron sentirse más seguros y conectados en sus barrios transformados.
“Las personas que vivían en las zonas verdes sentían realmente que podían salir y disfrutar de su porche, sus terrazas, sus vecinos, de una forma diferente,” afirma Nicole Thomas, directora del Laboratorio de Salud Urbana.
Es más, la violencia no pareció trasladarse a otras zonas.
“Hemos tenido una especie de agradable descenso [de la violencia armada] desde los años 80, pero [realmente] estamos viendo un aumento en los últimos años,” dijo Michelle Kondo, investigadora científica del Servicio Forestal de EE.UU. y coautora del estudio, refiriéndose a la ciudad. “Así que ver esta evidencia de que [no sólo] la delincuencia en general, sino la violencia armada en particular se redujo alrededor y cerca del cuidado de la tierra, los lotes limpiados y reverdecidos en relación con lo que estaba sucediendo en los controles, fue un hallazgo realmente significativo.”
Kondo afirma que también observaron que en los solares baldíos había más comercio de estupefacientes y armas escondidas en sus inmediaciones. Los etnógrafos que participaron en el estudio observaron que los coches que transportaban estas armas o drogas aparcaban intencionadamente frente a los solares baldíos.
Por eso, limpiar y reverdecer estos solares “altera esas cosas,” afirma.

Otro beneficio para las ciudades y los contribuyentes que Kondo vio derivado de este trabajo fue el rendimiento de la inversión: en el primer año tras la rehabilitación, se obtuvo un rendimiento de 333 dólares por cada dólar gastado en prevenir agresiones con armas de fuego mediante la ecologización de un terreno baldío.
Esta iniciativa no registró ninguna reducción del calor, pero Veronica Pear, epidemióloga social y profesora adjunta del programa de Investigación sobre Prevención de la Violencia de la UC Davis, afirma que se trata de una solución ecológica que sí contribuye a reducir la violencia.
“Las iniciativas de limpieza y ecologización abordan algunas características del entorno construido (como los solares vacíos y descuidados) que pueden dar lugar a la violencia y desempeñan un papel legítimo en la prevención,” declaró Pear al Amsterdam News.
Thomas afirmó que asegurarse de que los líderes y miembros de la comunidad participaran en las fases de toma de decisiones, investigación y ejecución era crucial para su planteamiento. Thomas, residente en Filadelfia de toda la vida, entiende el escepticismo ante las iniciativas ecológicas en barrios como el suyo.
Recuerda que hace unos 15 años su madre y unos vecinos cortaron unos árboles de su barrio que estaban causando daños a su propiedad residencial. Más tarde se enteró de que los árboles plantados eran inadecuados para la zona y dijo que salir y hablar con los miembros de la comunidad debería ser una parte crucial de su enfoque.
El Laboratorio de Salud Urbana destinó fondos a mantener los terrenos baldíos durante unos años más y Thomas dijo que este año recibieron dos subvenciones de 3 millones de dólares de Penn Medicine y el Hospital Infantil de Filadelfia. El grupo también ha fijado sus ojos en aumentar la cubierta arbórea en el oeste y suroeste de Filadelfia.
“Tenemos el objetivo de plantar árboles, reverdecer vidas vacías, apoyar proyectos comunitarios, conceder micro subvenciones y crear miniparques,” explicó Thomas.
Han tenido un récord de éxito, pero el trabajo de mantenimiento de los terrenos baldíos para reducir la violencia y aumentar la seguridad aún no ha sido asumido por las agencias de la ciudad. Thomas espera que más lugares del país adopten este enfoque.
“La ciencia demuestra que la arborización, la limpieza, el reverdecimiento y la estabilización de los terrenos baldíos, así como todo tipo de actividades de construcción comunitaria, contribuyen en gran medida a mejorar la salud,” añade. “Así que esperamos que esto sea un modelo que otros sistemas sanitarios puedan utilizar.”
Entre tanto trabajan para reforzar la participación de la comunidad en el mantenimiento y cuidado de los espacios y los árboles.
“Todos estos elementos de infraestructura verde no son comodidades, sino elementos de la infraestructura básica de cualquier barrio,” afirmó Thomas. “Si alguien está elaborando planes de barrio o planes comunitarios… los espacios verdes [deberían estar] incluidos en esos planes.”
Enfriar las temperaturas––y las cabezas––en Nueva York
Nueva York tiene varios programas comunitarios destinados a mitigar los efectos del cambio climático o de la violencia armada, aunque rara vez ambos. Dicho esto, algunas organizaciones están adoptando el enfoque de utilizar métodos ecológicos para llegar a algunas necesidades importantes de la comunidad: la formación de los jóvenes y las oportunidades económicas.
NYC CoolRoofs, un programa puesto en marcha en 2009 gracias a la colaboración entre el Departamento de Servicios a Pequeñas Empresas de Nueva York, el Programa HOPE y la Oficina del Alcalde para la Justicia Climática y Medioambiental, es uno de los ejemplos más perdurables de estos programas. Su enfoque aborda el calor pintando los techos con pintura blanca especial para reducir las temperaturas de los edificios del Bronx. Esta estrategia de pintar los techos con colores claros les permite reflejar la energía solar, en lugar de absorberla, creando un efecto refrescante para los edificios y reduciendo las facturas de energía.

Los jóvenes participantes en el programa CoolRoofs, en su mayoría menores de 30 años, tienen una oportunidad remunerada de aprender sobre el medio ambiente y recibir una formación básica que podría abrirles las puertas al mundo laboral, incluidos los empleos ecológicos, explica Ana Chapman, directora de programas de The HOPE Program, una organización sin ánimo de lucro que ofrece formación laboral. Sus programas ecológicos incluyen NYC CoolRoofs, Sustainable South Bronx e Intervine, un programa de horticultura que forma y paga a los participantes para que realicen trabajos de mantenimiento e infraestructuras ecológicas en toda la ciudad. Chapman concibe estos programas como oportunidades para que los jóvenes participantes contribuyan activamente a cambios medioambientales transformadores en sus comunidades.
“Salen a trabajar, hacen prácticas y aprenden el porqué de este trabajo,” explica.
Los aprendices de CoolRoofs, contratados dos veces al año, estarán pintando en los techos del Bronx hasta mediados de octubre, cuando terminen el programa y empiecen a buscar trabajo. En 2021, el Programa HOPE recibió financiación para la labor de prevención de la violencia armada entre los jóvenes, con el fin de apoyar sus programas de preparación para el empleo. La organización ha ido a donde la han acogido, pero no ha medido el impacto en la reducción de la temperatura de los tejados que han pintado.
“Cuando estás en el programa, no estás en la calle,” dijo Chapman. “Y así, en una calurosa tarde de martes, quizás podrías haber estado pasando el rato y ahora, como estás en el programa, quizás estás alejado de un incidente que pueda ocurrir.”
En Brooklyn, grupos de prevención de la violencia armada como Kings Against Violence Initiative (KAVI), de East Flatbush, han incorporado la limpieza de espacios comunitarios como parte de su enfoque. “Reconocemos que el entorno desempeña un papel muy importante en la prevención de la violencia armada,” afirma Ramik Williams, codirector ejecutivo de KAVI.
La organización de desarrollo juvenil ha limpiado recientemente un parque y un jardín comunitario en el centro de Brooklyn, y Williams dijo que algunos de los adolescentes han compartido cómo les hace sentir el estado de sus barrios.
Una batalla dura para crear un cambio permanente
Aunque estas iniciativas son ambiciosas, hay un obstáculo importante: la financiación. Los responsables de estas organizaciones afirman que su trabajo es posible sobre todo gracias a las subvenciones. Para garantizar el impacto duradero de los planteamientos de “limpieza y ecologización,” es necesario asignar más dinero público a apoyar estas iniciativas.
“La financiación a largo plazo de iniciativas preventivas eficaces es fundamental para que su impacto sea duradero,” afirma Pear.
El año pasado, el Ayuntamiento de Nueva York decidió que junio fuera el “Mes de la concienciación sobre la violencia armada,” como parte de una serie de medidas recomendadas por la Oficina del Defensor del Pueblo de la ciudad.
Pero la financiación de la prevención de la violencia armada tiene que ponerse al día con la asombrosa tendencia al alza de las muertes relacionadas con armas de fuego: Entre 2019 y 2020, se ha convertido en la principal causa de muerte entre niños y adolescentes, superando los accidentes automovilísticos. Los estadounidenses Afrodescendientes también experimentaron el mayor aumento en homicidios fatales de cualquier raza o etnia.
“No hay tanta investigación sobre la violencia armada en la literatura de salud como debería haber,” dijo Jay. “La violencia armada es uno de los temas menos estudiados y con menos recursos, por razones políticas.”
La legislación sobre violencia armada vigente desde 1996 impidió de hecho que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) financiaran investigaciones sobre prevención de la violencia armada y control de armas en Estados Unidos durante más de dos décadas. La Enmienda Dickey fue una disposición promovida por la Asociación Nacional del Rifle, y aunque existen iniciativas federales para financiar programas de prevención de la violencia armada en los estados, el campo de la investigación sobre la prevención de la violencia armada está muy por detrás de otras causas de muerte y lesiones.
Jay espera que su estudio contribuya a avanzar en este campo. “No hay forma de que podamos entender la violencia exclusivamente en términos de calor,” dijo Jay. “Pero creo que es poco probable que descubramos que el calor es un factor totalmente independiente del resto.”
Lo que los investigadores y las organizaciones comunitarias entienden es que nuestro ambiente y el clima desempeñan un papel en la exacerbación de un problema ya de por sí difícil, y que cualquier solución importante deberá tenerlo en cuenta.
“La violencia con armas de fuego es un problema complejo y polifacético que sólo puede abordarse con soluciones complejas y multifacéticas,” afirma Pear.
La financiación de estos programas es una gota en el océano comparada con los fondos destinados a otras iniciativas de mitigación del cambio climático o de prevención de la violencia armada, y la limpieza y el reverdecimiento y la plantación de árboles “no abordan las causas profundas del cambio climático y la violencia,” dijo Kondo. “Se trata de problemas estructurales sistémicos, mundiales y nacionales que contribuyen a estas cosas.”
Pero Kondo afirma que no hacer este trabajo––limpiar y reverdecer solares baldíos y plantar árboles y similares––tiene un impacto descendente en los valores inmobiliarios, la salubridad, la seguridad y la actividad delictiva. “Es una espiral negativa,” afirma.
Crear un ambiente física y mentalmente sano y seguro con medidas ecológicas es también unir a las comunidades y ayudar a la gente a sentirse conectada y en control de sus barrios. Según Kondo, “Es un elemento básico y puede contribuir al compromiso cívico y, en última instancia, a la democracia.”
