La plaza está ubicada entre una planta embotelladora de leche recién renovada, un Applebee’s y el teatro Billie Holiday en el vecindario Bedford-Stuyvesant, de Brooklyn. Unas escaleras conducen desde la calle a las mesas y mostradores que dan a las famosas calles de Marcy Avenue y Fulton Street. En un miércoles soleado de septiembre, había allí una larga fila de personas, entre ellos residentes de Brooklyn y otros neoyorquinos hambrientos. Esperaban por horas, en una imagen que los hacía lucir deprimentemente fuera de lugar en la Restoration Plaza de Bedstuy.

Muchos de los allí reunidos eran hombres y mujeres de edad avanzada, algunos con acentos suaves o fuertes, un recordatorio de que habían llamado hogar a otro país. June Feddoes, de 55 años, trabajadora de un hogar de ancianos que vive en el vecindario, era una de los presentes. Llevaba un pañuelo en la cabeza, un uniforme de color naranja, mascarilla y mochila grande de Patagonia.

“Lugares como este son muy importantes para personas como yo, ya sabes, mujer soltera, madre soltera. Siempre marca la diferencia. He estado yendo a la despensa de alimentos desde que llegué a este país y no tenía una tarjeta de residencia”, dijo Feddoes, quien llegó a Nueva York desde San Vicente en el Caribe cuando tenía 15 años.

Todos recibieron maíz, batatas y otros alimentos, antes de doblar la esquina hacia otras mesas de servicio, en un evento organizado por el concejal de la ciudad de Nueva York Robert Cornegy, con el objetivo de distribuir alimentos a las personas necesitadas en la ciudad, especialmente a los ancianos que han estado aislados en sus casas ante la amenaza del virus letal.

La doble crisis económica y de salud pública, causada por la pandemia de COVID-19, exacerbó el sufrimiento de aproximadamente 1,4 millones de residentes de la ciudad de Nueva York en vecindarios sin fácil acceso a alimentos saludables. Los más afectados son aquellos como Feddoes (afroamericanos, comunidades racializadas o inmigrantes que viven en los vecindarios más pobres), que luchan para alimentar a sus familias, incluso con un trabajo de tiempo completo en 2020.

Barrios como estos existen en los cinco condados. Los activistas, organizadores comunitarios y organizaciones de la sociedad civil con los que habló Amsterdam News describieron la necesidad apremiante de acceso a alimentos frescos en Northshore, Staten Island, así como en los vecindarios de Bed-Stuy, Flatbush y East New York en Brooklyn, todas estas áreas que ya lidiaban con la inseguridad alimentaria antes de la pandemia.

Comprar comida durante la pandemia en general fue difícil. La orden de cuarentena en marzo del 2020 cortó el acceso a alimentos frescos que para algunos ya era limitado. 

La residente nativa de Brooklyn, Ellen Nelson, de 60 años, creció en edificios de vivienda pública en Fort Greene. Como madre adolescente, Nelson terminó sus estudios y comenzó a trabajar en los servicios de transporte. Ahora ya jubilada, vive en East New York, Nelson cambió completamente su dieta y estilo de vida tras pasar un susto con el virus de COVID-19 el año pasado. 

Nelson perdió dos amistades en 2020 y fue diagnosticada con COVID entre marzo y mayo del mismo año. Durante la cuarentena oró mucho, se entretuvo con la compañía de sus mascotas y se comunicaba de manera virtual con sus hijos. Dijo que no podía respirar, perdió el sentido del olfato y bajó de peso. Los síntomas de COVID-19 fueron lo suficientemente severos para convencerla de convertirse en vegetariana y de comenzar a hacer ejercicios.

“Señor Jesús, ayúdame, comencé a decir”, dijo Nelson. “Después de un tiempo, las cosas se calmaron en mayo. Tenía miedo de asomarme a la puerta pero comencé a salir un poco. Por supuesto que me lavaba las manos y esas cosas, y me vacuné tan pronto como me tocó”.

Prisa para responder

NY FOOD 20/20, un estudio colaborativo sobre la alimentación en la crisis de COVID-19, señaló que las “disparidades en la nutrición” pueden estar acompañadas de disparidades raciales y étnicas porque una cantidad “desproporcionada” de comunidades afroamericanas y racializadas experimentan pobreza e inseguridad alimentaria. También existe un problema grave con los anuncios de alimentos y bebidas no saludables que se dirigen a los jóvenes afroamericanos y latinx, así como “el exceso de productos altamente procesados en las tiendas y la falta de acceso en el vecindario a opciones saludables”. Todo esto puede conducir a una prevalencia de enfermedades relacionadas con la dieta y la salud en estas comunidades, según el estudio.

La ciudad se lanzó a iniciar programas de entrega de comestibles a las personas mayores a través del 311 y puso comidas para llevar en las escuelas para llegar a los neoyorquinos y estudiantes necesitados.

Incluso cuando la pandemia obligó a las autoridades a atajar de manera “rápida y agresiva” el aumento de la inseguridad alimentaria, “a muchas agencias de la ciudad les costó adaptarse”, según el testimonio de Charles Platkin, director ejecutivo del NYC Food Policy Center (Centro de Políticas Alimentarias de la Ciudad de Nueva York) de Hunter College, durante una audiencia pública del comité de bienestar general del ayuntamiento de la ciudad en junio de 2021.

Entre abril y julio de 2020, el estado de Nueva York y el Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York aprobaron más de 30 leyes centradas en programas de alimentos de emergencia o en ayudar a la industria de restaurantes, informó el estudio sobre la alimentación.

Las iniciativas alimentarias dirigidas por el gobierno se esforzaron por ofrecer una cantidad y variedad adecuadas de alimentos. Hubo quejas de que la comida estaba “en mal estado, no era saludable o no era apropiada desde el punto de vista cultural”, dijo Platkin. 

Nelson dijo que llamó al 311 para las entregas de comida de la ciudad durante ese tiempo, pero que no quería la carne en las cajas kosher y que las opciones vegetarianas no se veían tan “saludables”. Con el tiempo, empezó a cocinar en casa y a ir a los mercados de agricultores.

“Ayer hice la carrera de 5 kilómetros por primera vez en Brownsville. Tengo 60 años, soy diabética, tengo dos operaciones de rodilla, pero hice la caminata y fue agradable “, dijo Nelson, radiante de orgullo por el progreso que ha logrado. 

De manera general, un número considerable de residentes de la ciudad tiene problemas de obesidad, de diabetes y de hipertensión, lo que los colocaba en “alto riesgo de hospitalización y muerte por COVID-19”, señala el estudio.

La ciudad también expandió el programa de beneficios del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria (SNAP, por sus siglas en inglés) que utilizó Health Bucks (dólares de salud) y bodegas saludables para aumentar la disponibilidad de alimentos frescos. Los Health Bucks son cupones que son parte del beneficio SNAP, y permiten a los residentes cambiar 2 dólares en frutas o verduras frescas en los mercados de agricultores por cada 5 dólares que gasten en una tarjeta de beneficios de alimentos. Muchos mercados de agricultores aceptan SNAP/EBT, WIC y cupones para personas mayores también.

A las bodegas, que con frecuencia no tienen abundancia de frutas y vegetales frescos, se les animó a abastecer más de estos productos. Sin embargo, el aumento excesivo de los precios hizo que subiera no solo el costo del desinfectante para las manos, las mascarillas y los sprays desinfectantes, sino también el de alimentos básicos, como los huevos, el pan y la leche. Los grandes proveedores de alimentos y los puestos de venta independientes aumentaron los precios en la ciudad y en todo el estado.

La Oficina de la Fiscal General Letitia James (OAG, por sus siglas en inglés), dijo que recibió más de 7 mil quejas por precios excesivos y emitió más de mil 565 órdenes de “cese y desista” a negocios. 

“Definitivamente estamos en una crisis, por la forma en que todos estos precios suben tanto en los supermercados como en las bodegas locales. La gente está sufriendo”, declaró el activista por el acceso a la alimentación y líder de distrito comunitario en Staten Island, Robert Perkins. “Todos los precios han subido”.

En general, en 2020, casi un millón de hogares en la ciudad de Nueva York recibieron beneficios de SNAP, según un rastreador de datos de la ciudad. Y muchos utilizaron tarjetas de beneficios alimentarios pandémicos (P-EBT) para sobrevivir.

Mucho por hacer

Organizaciones de distribución de alimentos grandes y pequeñas, las despensas de alimentos y los comedores de beneficencia se vieron afectadas por el aumento de la demanda de alimentos, lo que provocó el cierre de muchas al comienzo de la crisis. Las despensas de alimentos y los comedores de beneficencia que quedaron abiertos vieron un aumento significativo de visitantes, lo que a menudo resultó en largas filas, dijo Platkin, director del Centro de Políticas Alimentarias de la Ciudad de Nueva York.

Las iglesias, los organizadores y funcionarios locales se unieron para ayudar, pero muchos no tenían los recursos necesarios para llegar a todos los residentes en medio del caos y la confusión de la pandemia, dijo Platkin.

“Hemos podido hacer un trabajo significativo, pero queda más por hacer. Es imposible pensar que hemos podido hacerlo todo”, dijo el Reverendo Dr. Demetrius Carolina, quien dirige la Primera Iglesia Bautista Central y el Centro de Vida Familiar Central en Staten Island.

La ciudad tuvo que seguir lidiando con la realidad de los encierros, los disturbios civiles, las protestas y un ajuste de cuentas con la justicia racial y criminal tras la muerte de George Floyd en mayo de 2020.

La necesidad era simplemente abrumadora según Jerome Nathaniel, originario de East New York, quien dirige política y relaciones gubernamentales de City Harvest, una organización de ayuda alimentaria.

En febrero de 2020, Nathaniel dijo que City Harvest planeaba entregar 70 millones de libras de comida a lo largo del año, pero terminaron por repartir más de 200 millones de libras solo entre marzo y agosto.

“No creo que una organización o un solo tipo de organización pueda hacerlo. Tendrían que ser bancos de alimentos que de manera continua se aseguren de que la gente pueda comer cada noche, pero también diferentes organizaciones que atienden asuntos de vivienda, de atención médica y del cuidado infantil”, dijo Nathaniel, “ y eso no es algo que pueda resolverse sólo desde la política pública”.

Nathaniel dijo que los vecindarios con un acceso limitado a los alimentos son los mismos que fueron más afectados por COVID-19, tienen precios de alquileres altos, salarios inadecuados, y menos transporte, lo cual en algunos casos es por un “diseñado” estructuralmente racista.

Cornegy dijo que la gente tenía dificultades para acceder a comida buena y saludable debido a la cuarentena y el desempleo en Bedstuy. Añadió que “descifrar el código” para llegar a las personas mayores, en particular, que viven en los edificios de la Housing Authority de la ciudad de Nueva York (NYCHA, por sus siglas en inglés) en su distrito fue difícil.

“Comenzamos aquí en la plaza y luego nos dimos cuenta de que había personas que estaban a dos cuadras de distancia, que para ellos este era un mundo completamente diferente”, dijo Cornegy sobre la movilidad del programa.

El asilo de ancianos en el que trabaja Feddoes está ubicado en Long Island, pero se negó a decir el nombre. Ella tiene que viajar desde Bedstuy y, a veces, llega a Long Island dos horas antes y vuelve a casa tarde en la noche. Tiene una hija en California, una hermana y una sobrina en Brooklyn, y una madre en Saint Vincent a quien le envía dinero. Dijo que por lo general depende de las horas extra para pagar todas sus facturas, pero eso no estaba disponible el año pasado.

Feddoes dijo que estaba agradecida por la despensa cuando sus ingresos se redujeron a la mitad.

Feddoes dijo que trabajaba como cuidadora interna antes de obtener su tarjeta de residencia y luego se cambió a enfermería. Ella nunca ha tenido dos trabajos, dijo, y si había un trabajo, venía con horas extras. Le preocupa un poco no poder jubilarse si se enferma y se ve imposibilitada de trabajar.

“Este no es un lugar para personas que son perezosas o simplemente se sientan a descansar, es para personas que trabajan”, dijo Feddoes sobre la despensa de alimentos. En la línea para el banco de comida, estaba encantada de conseguir batatas y atún esa semana. Feddoes dijo sonriente que su comida favorita es el atún con sazón y las batatas hechas en el microondas.

En el sur de Brooklyn, Waqiel Ahmed, de la Sociedad Juvenil Estadounidense de Pakistán, se asoció con el presidente de la sucursal de Black Lives Matter Brooklyn, Anthony Beckford, para abrir una cocina de comida móvil que servía comida halal caliente y gratis a los vecinos.

Ahmed dijo que antes había enviado a personas que acudían a ellos con necesidad a otros lugares, hasta que decidieron hacer algo por su cuenta. Dijo que comenzaron con un puesto con unas 100 personas y luego se expandieron a otras cinco locaciones, donde llegaron a atender a unas mil 100 familias en unos meses el año pasado.

Juntos, Ahmed y Beckford surtieron de alimentos a varios vecindarios de Crown Heights, Brighton Beach, Coney Island, Flatbush, Kensington y Gravesend en Brooklyn. Estos barrios son en su mayoría comunidades afroamericanas y caribeñas y/o ortodoxas judías, musulmanas e inmigrantes.

“Viene mucha gente inmigrante, que pierden trabajos y viven de sus sueldos de semana en semana. Muchos nos llamaron y nos recomendaron adónde ir ”, dijo Ahmed.

Falta de trabajadores en granjas urbanas

En el este de Brooklyn, algunas granjas urbanas que querían resolver estos problemas se dieron cuenta de que no podían hacer mucho debido a la escasez de trabajadores.

Lyeshima Harris es la directora del proyecto East New York Farms, situado en una pequeña manzana de la avenida Schenck, entre las avenidas Livonia y New Lots. También tienen un jardín comunitario en las viviendas públicas Pink Houses de NYCHA.

Harris dijo que el personal de la granja tuvo que hacer la mayor parte del trabajo la temporada pasada porque la mayoría de los voluntarios son personas mayores. Su temporada de cultivo habitual comienza en abril, y el año pasado fue cuando el brote del virus alcanzó su punto máximo en la ciudad. La finca usualmente produce cultivos que piden las comunidades afroamericana, asiática y latina. En dependencia de la temporada, cultivan zanahorias, frijoles largos, quimbombó, melón amargo, hierbas, tomatillos, espinaca malabar, varios tipos de pimientos y hojas de okazi.

El año pasado, tuvieron que terminar temprano la temporada de cultivo, dijo Harris. “La mayoría de los jardines quedaron abandonados ya que las personas mayores fueron las más afectadas por la COVID-19”, dijo Harris.

El organizador del este de Nueva York, Keron Alleyne, quien busca postularse para el Distrito 60 de la Asamblea del Estado de Nueva York, dijo que hay muchos jardines comunitarios en East New York, pero que durante la pandemia intentaron unirse. Alleyne dijo que fue extremadamente difícil, pero la comunidad encontró a algunas personas para entregar alimentos y construir una red de agricultores y jardineros.

Alleyne continuó su trabajo con los jardines comunitarios de la ciudad en el departamento de parques, o Greenthumb, para crear un grupo de defensa de jardines comunitarios. Los jardineros del grupo, que en su mayoría son mujeres negras de edad avanzada, se reunieron para una barbacoa de celebración en Highland Park este octubre.

La jardinera y chef comunitaria Kelebohile Nkhereanye dijo que se dedicó a cultivar hierbas y alimentos en su jardín y se los regaló a sus vecinos el año pasado.

Dijo que otros vecindarios pueden capitalizar su acceso y asequibilidad, lo que hace que parezca que las personas en East New York o en otros lugares no quieren alimentos frescos y saludables. Ella dijo que eso no es cierto. Nkhereanye habló sobre una “brecha” en la forma en que la comunidad percibe su propio acceso a alimentos frescos.

“Algunas personas no van a los mercados de agricultores porque piensan que es caro o que es para las personas blancas, por lo que hay una brecha en el conocimiento”, dijo Nkhereanye. “La estructura existente no está diseñada para darnos crédito e informarnos sobre nuestro sistema alimentario”.

Ariama C. Long es miembro del grupo de Report for America y escribe sobre cultura y política en la ciudad de Nueva York para The Amsterdam News. Su donación para igualar nuestra beca RFA contribuye a que siga escribiendo historias como esta; por favor, considere hacer una donación deducible de impuestos de cualquier monto hoy a través de este enlace: bit.ly/amnews1

Traducido por estudiantes del “Proyecto de traducción de noticias para comunidades latinas”: Marisela Arias, Giselle Barroso, Elias Domínguez, Airam Guzman, Onriela Honorio, Camila Jimenez, Lucero Martínez, Jenifer Mejía, Lilibeth Mendieta, Carmen Ortiz, Katheryn Pena, Chrismaily Pichardo, Odalis Reyes, Kiefer Rosado Cuevas, Stephanie Salas, Darleny Tejada, Leiny Thomas López, Keishla Torres y Lissette Ventura Concepción, con edición de la profesora Lidia Hernández Tapia. 

Translated by students from the “News Translation for Latino Communities” Project: Marisela Arias, Giselle Barroso, Elias Domínguez, Airam Guzman, Onriela Honorio, Camila Jimenez, Lucero Martínez, Jenifer Mejía, Lilibeth Mendieta, Carmen Ortiz, Katheryn Pena, Chrismaily Pi

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